Psicología Infanto-Juvenil
Los niños y adolescentes no siempre pueden explicar lo que les pasa.
Pero sí lo muestran.
A veces es una conducta que preocupa, una tristeza que no se va, dificultades en el cole o en casa.
Otras veces es algo más difícil de nombrar: un niño que se cierra, un adolescente que se aleja, una familia que siente que algo no funciona pero no sabe bien dónde.
Aquí trabajamos con los más pequeños y los no tan pequeños para entender qué hay detrás de lo que muestran —y acompañarlos a encontrar sus propios recursos.
SI ERES PADRE O MADRE
Quizás llevas tiempo viendo algo que te preocupa y no sabes bien cómo ayudar
Lo que describes —aunque no lo tengas del todo claro— ya es suficiente para empezar. Aquí van algunas de las situaciones más frecuentes con las que llegan las familias:
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Rabietas intensas, agresividad, oposición constante, o al contrario: un niño que se apaga, que se aísla, que deja de ser como era.
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Miedos que no ceden, tristeza, ansiedad, cambios de humor bruscos. Tu hijo o hija siente algo que aún no sabe gestionar.
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En el colegio, con los amigos, en casa. Cuando algo falla en varios contextos a la vez, suele haber algo más que explorar.
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Separación, duelo, cambio de ciudad, adopción o acogimiento. Los niños procesan los cambios a su manera —y a veces necesitan un espacio propio.
SI ERES ADOLESCENTE
La terapia es tuya. Lo que cuentes aquí es confidencial y el ritmo lo marcas tú. Nadie te va a obligar a hablar de lo que no quieras.
Igual has llegado aquí por tu cuenta. O igual te lo ha propuesto alguien.
De cualquier forma, si algo no está bien y quieres entenderlo, este puede ser un buen lugar. No tienes que llegar con todo claro.
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Ansiedad, tristeza, enfado, vacío. A veces es difícil explicarlo incluso a las personas más cercanas.
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Con tus amigos, con tu familia, con pareja. Conflictos que se repiten, sensación de no encajar, dificultad para confiar.
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Una pérdida, una situación difícil, algo que no has podido hablar con nadie. Tener un espacio donde procesarlo puede marcar la diferencia.
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No hace falta que haya una crisis. Conocerte más, entender por qué reaccionas como reaccionas. Eso también es un buen motivo.
CÓMO TRABAJO
El juego no es pasatiempo. Es el lenguaje natural de la infancia
Los niños procesan lo que viven a través del juego, el movimiento, el dibujo, la imaginación. No necesitan —ni siempre pueden— poner en palabras lo que sienten.
Por eso en la consulta no nos sentamos a "hablar del problema": creamos un espacio donde el niño o la niña pueda expresarse de la forma que le sea más natural.
Con adolescentes el trabajo cambia de forma pero no de fondo: seguimos partiendo de su propio lenguaje, de lo que les resulta significativo, sin forzar ni precipitar.
"A veces un dibujo o una figura en la bandeja de arena cuenta más que una hora de conversación."
TÉCNICAS Y HERRAMIENTAS
Cada niño necesita su propio camino.
No existe una técnica que funcione para todos. La elección de las herramientas depende de la edad, el momento y lo que cada niño o adolescente necesita. Estas son algunas de las que forman parte de mi forma de trabajar:
Juego terapéutico
El juego libre y estructurado como vía de expresión, elaboración y cambio. El niño lidera; yo acompaño y observo lo que el juego comunica.
Dibujo terapéutico
El dibujo permite externalizar lo que está dentro sin necesidad de nombrarlo.
Es especialmente útil cuando las palabras no llegan o no se quieren usar.
Psicoeducación
Explicar qué está pasando y por qué —en un lenguaje adecuado a la edad— es en sí mismo terapéutico. Trabajamos con el niño o adolescente para que pueda entender sus propias emociones y reacciones, y con la familia para acompañar mejor desde casa.
Caja de arena · Sandplay
En una bandeja de arena y con una colección de figuras, el niño construye mundos.
Lo que crea refleja su mundo interior de formas que a menudo sorprenden incluso a quien lo hace.
Terapia de movimientos rítmicos · BRMT
Los movimientos rítmicos suaves estimulan conexiones neurológicas vinculadas a la regulación emocional, la atención y el aprendizaje. Especialmente indicada en dificultades de regulación, TDAH o cuando el cuerpo guarda lo que la mente no puede procesar aún..
Cartas asociativas
Imágenes y metáforas que invitan a hablar de forma indirecta sobre lo que se siente.
Útiles especialmente con adolescentes o niños a quienes les cuesta la comunicación directa.
EMDR adaptado a niños
El EMDR con niños y adolescentes se adapta en forma y lenguaje: usamos movimientos, sonidos o toques rítmicos de una manera más lúdica y accesible. Permite trabajar experiencias difíciles —miedos intensos, situaciones traumáticas, pérdidas— sin necesidad de hablar de ellas en detalle.
EL PROCESO TERAPÉUTICO
¿Cómo empezamos y cómo avanzamos?
Antes de comenzar el trabajo terapéutico, hay una fase de evaluación. No para poner etiquetas, sino para entender bien qué está pasando y poder acompañar de la forma más útil posible. Aquí puedes ver cómo se estructura el proceso de principio a fin.
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Antes de conocer al niño o la niña, nos reunimos solo los adultos. Es un espacio para que podáis contar con libertad qué habéis observado, desde cuándo, qué os preocupa y cuál es el contexto familiar. Vuestra mirada es imprescindible para entender lo que está pasando.
Con quién: padres o tutores · Sin el niño/a presente
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A lo largo de 2 o 3 sesiones, conozco al niño o la niña en su propio espacio. No es una entrevista: usamos juego, dibujo u otras herramientas según la edad para crear un clima de confianza y observar cómo se expresa, cómo se relaciona y qué nos comunica a través de lo que hace.
Con adolescentes, estas sesiones son más conversacionales —aunque siempre a su ritmo y sin forzar.
Con quién: el niño o adolescente · Individual
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Una vez completada la evaluación, nos reunimos con los padres o tutores para compartir lo que he observado: cómo veo la situación, qué creo que hay detrás y qué objetivos tendría sentido trabajar. Es una sesión de escucha mutua, no de dictamen: hablamos juntos de lo que necesita el niño o la niña y de cómo podemos acompañarlo/a mejor.
Al final de esta sesión decidimos juntos si iniciar el proceso terapéutico y con qué enfoque.
Con quién: padres o tutores · Puede incluir al adolescente si tiene sentido
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Una vez definidos los objetivos, comenzamos el trabajo terapéutico. El formato no es siempre el mismo: depende de lo que cada caso necesite.
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Sesiones individuales con el NNA
Espacio propio del niño o adolescente para trabajar lo que necesita a su ritmo, con las herramientas más adecuadas para él o ella.
Sesiones familiares
Cuando los objetivos implican la dinámica relacional, trabajamos juntos como familia para que el cambio sea compartido y sostenible.
A menudo el proceso combina ambas modalidades en distintos momentos.
Frecuencia: semanal · Revisión periódica de objetivos con la familia
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Mantengo contacto periódico con los padres o tutores para compartir la evolución y orientar sobre cómo acompañar en casa. El trabajo en consulta y el acompañamiento familiar van de la mano.

